«¿Vale la pena el confinamiento?»

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Gobierno de Yucatan

El confinamiento avanza, hay quienes están pendientes de las cifras de personas contagiadas, fallecidas, dadas de alta, etc., quienes al ver tantas noticias amarillistas y pesimistas se llenan de angustia, hay quienes están vacacionando en el puerto o en la Riviera Maya, hay quienes con síndrome de la cabaña tienen pánico de salir de su casa, hay quienes están ofendidísimos con el uso político de la pandemia, hay quienes proponen confiar en la ciencia como si fuera la panacea, hay quienes están preocupados(as) por el regreso a clases de sus hijos(as), hay quienes le echan la culpa al valemadrismo mexicano, quienes se han enfocado en seguir trabajando, o en no enloquecer, o en salvar vidas, quienes han perdido el trabajo, quienes emprenden incluso a costa de la contingencia sanitaria, quienes tienen miedo a contagiarse, quienes se rehusan a seguir las medidas de distanciamiento e higiene.

Esta crisis colectiva a muchas personas nos está pegando duro, a otras que ya tenían ansiedad ven ahora como todos(as) sentimos algo para ellos(as) cotidiano y constante en sus vidas, los(as) adolescentes que se la pasaban encerrados(as) en sus cuartos con los audífonos puestos no les ocasiona tanto problema, mientras muchas otras están viviendo el duelo tras la muerte de algún familiar sin poder despedirse del todo, gente muriendo sin estar rodeada de sus familiares o seres queridos, y otras haciendo fiestas y reuniones sin cubrebocas ni sana distancia.

La contingencia se ha vuelto una manera de relacionarnos, ha influenciado nuestra manera de comunicarnos, pone a prueba nuestra salud mental y es una invitación a la creatividad, la flexibilidad y la adaptación al cambio, nos lleva a construir nuevas posibilidades donde parecía no haberlas, nos hace apreciar lo que antes dábamos por sentado pues no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Si antes se decía que estábamos en crisis, que había distintas crisis de toda índole, ahora el discurso es que vienen otras crisis más difíciles.

Necesitamos confiar en las personas para poder tener esperanza y optimismo, voltear al pasado para ver cómo hemos salido adelante en otras ocasiones, poner nuestra atención en los recursos que tenemos, las fortalezas, oportunidades y talentos que nos sirven para encontrar soluciones colectivas, dejar de quejarnos de las malas decisiones de otras personas y tejer redes de apoyo comunitario, seguir exigiendo a nuestras autoridades que actúen con responsabilidad, y poner manos a la obra para componer todos esos problemas que le echamos en cara a «la sociedad de hoy» como si no fuéramos parte de ella y por tanto corresponsables, es urgente entender nuestra interdependencia para procurar el bienestar de los(as) demás de maneras más sinceras y efectivas. Si educamos sin juzgar, explicamos con paciencia y argumentos sólidos, si intentamos entender de manera genuina, este esfuerzo es necesario ya que tu salud depende de lo que hagan o dejen de hacer las demás personas, hoy más que nunca, no nos demos por vencidos(as) ni caigamos en el pesimismo y fatalismo, hoy más que nunca sigamos luchando por mover consciencias, hoy más que nunca demos la mano a quienes lo necesitan, hoy más que nunca, la unión hace la fuerza. Ánimo.

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